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Blog de Belén Serrano

Los psicólogos en España

¡Qué malo me sabe cuando mis amigos americanos me comentan que allí todo el mundo tiene un "coach" o un consultor o un asesor sentimental o un psicológo para asesorarles en su día a día! Me sabe malo, por un lado, porque en Estados Unidos actualmente cualquier persona puede ejercer de consultor y, por otro lado, me da envidia el pensar lo bien reconocida que está la profesión de la psicología en ese país.

En España, el papel del psicólogo siempre aparece como secundario. Los importantes son los médicos. Psiquiatras y médicos de cabecera recetan sin cesar pastillas para la ansiedad y la depresión en sus diversas modalidades. Lo que ocurre es que la sociedad demanda una vez más recetas rápidas de tratamiento, cuando lo que de verdad necesitan muchas personas es dedicar tiempo a sí mismos y ser escuchados y orientados por profesionales.

Es una pena que en un país en el que el 20% de personas padece algún tipo de enfermedad mental, la ratio del psicólogo en la Sanidad Pública sea irrisoria y que los médicos de cabecera que no están formados ni tienen tiempo para ejercitar las terapias propiamente dichas, sean los únicos que les atienden en muchos casos.

Si esto ocurre entre los adultos considero que es un mal menor, pero si los niños, adolescentes y jóvenes nos son escuchados ni tratados a tiempo, el problema social se agrava. Y es que los padres muchas veces delegan el problema de su hijo al orientador del colegio; y este orientador (habitualmente trabaja en colegios de 500 a 1000 alumnos) es capaz de evaluar y de intervenir de forma puntual en problemáticas graves que aparecen en el contexto escolar y de ejercer sus funciones de evaluador de aptitudes y actitudes, pero no tiene tiempo para mucho más.

¿No es grave que en los informes europeos, España haya aumentado progresivamente desde el año 2000 su tasa de abandono prematuro de la escuela? ¿No es problemático el que un 32% de los jóvenes españoles fracasen antes de terminar sus estudios, cuando la media europea se sitúa en el 14%? Imaginaos las consecuencias de que un joven adolescente no termine su escolarización, tenga sensación de fracaso, baja autoestima e incertidumbre hacia su futuro. Su comportamiento estará relacionado con su circunstancia. 32 de cada 100 jóvenes españoles lo sufren, por lo que no debería extrañarnos cuando escuchamos comportamientos problemáticos de algunos de ellos. ¿Realmente son los únicos culpables?

 

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